domingo, 21 de diciembre de 2008

Metiendo Pedal a la Cultura Ciudadana

El uso de la bicicleta en la ciudad y el concepto del espacio público como bien común que debemos defender

Vivimos en una ciudad caótica, en la que la falta de consideración y respeto hacia el otro es común en personas de toda condición social y raza. Para muestra la construcción de los restaurantes Cala y otros en la que fuera la linda playa de Barranquito, y su apropiación de un espacio público, quitándonos el derecho de ver el mar y caminar por un malecón. Asociaciones de propietarios que impiden el libre tránsito de gente a los que es un bien de todos, las playas. Carros estacionados en las veredas impidiendo el paso de peatones, autos que se pasan la luz roja, que se obstruyen el paso peatonal, que no dan prioridad al peatón o al ciclista; en San Isidro o Carabayllo, no importa el distrito. Igual es. La desconsideración para con el otro se da en todos los casos.

Hace casi 10 años, Antanas Mockus, recibió una Bogotá con estas mismas características y, en lugar de gastar el presupuesto (mayor que el de Lima por cierto) en viaductos, zanjones y obras de infraestructura, se dedicó a trabajar la mente de las personas. A partir del enfoque de cultura ciudadana inculcó en los bogotanos un sentido de propiedad hacia la ciudad en la que habitaban, de interesarse por el bien común, por el espacio público. Ese fue el trabajo más complicado. De allí a ser la mejor ciudad del mundo había solo un paso[1]. Mockus definió magistralmente el espacio público como el lugar privilegiado del mutuo respeto y del comportamiento adecuado entre desconocidos, afirmando que es en situaciones donde la ley es débil, como en nuestro caso, que la aplicación del enfoque de cultura ciudadana era vital.

Cultura ciudadana no alude tanto a valores, sino a autorregulación moral y, sobre todo, a mutua regulación social. Ahí está el quid del asunto. El compromiso de todos. El llamar la atención a alguien que está haciendo algo en contra del bienestar de todos. Cuando vemos a un micro con las luces apagadas, siendo de noche, y permanecemos impávidos ante esta conducta riesgosa, estamos permitiendo que ese chofer atropelle a una persona o un ciclista. Nos convertimos así en cómplices de una accidente que pudimos haber evitado.

Lima y Callao cuentan actualmente con más de 60,000 personas que se desplazan en bicicleta; equivalente al 0.5% de los viajes que se realizan en la ciudad. Estas personas circulan desafiando el obsoleto Reglamento Nacional de Tránsito que no considera al ciclista urbano como un usuario de la vía con derechos y deberes ni otorga un marco protector a esta forma de movilidad sostenible, económica y saludable.

Necesitamos despertar en nuestra gente la inquietud por vivir en una ciudad mejor, convertir a los limeños en activistas del bien común, con conciencia política para que les afecte cuando alguien bota basura en la calle, que sepan exigir un espacio en la vía para montar bicicleta o elegir gobernantes adecuados a nuestro tiempo.

[1] Bogotá fue nombrada Mejor Ciudad del Mundo en la Bienal de Arquitectura Internacional Venecia 2006 cuyo enfoque fue dirigido al diseño de las ciudades, su infraestructura urbana y dinámica social"

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