lunes, 29 de diciembre de 2008

¿Por qué hacemos más pistas en Lima quitándoles espacio al peatón y al ciclista?

Durante la reciente clausura de los Juegos Olímpicos de Beijing, en la parte que la ciudad de Londres toma la posta, se pudo ver como un típico ómnibus londinense, de dos pisos y color rojo, se desplazaba por la pista atlética del estadio junto con tres ciclistas urbanos, entre ellos un ejecutivo con terno y un estudiante, en una clara alusión a la forma de transporte que esta ciudad viene tratando de implementar en las últimas décadas y que ha llevado a su Gobierno Local a tratar de completar para el 2010 una red de ciclovías denominada London Cycle Network Plus de 900 kilómetros, para una ciudad con casi la misma población que Lima, e imponer medidas restrictivas para el uso del automóvil particular.

En la reciente ceremonia de premiación del Concurso Buenas Prácticas Gubernamentales, importante iniciativa de la ONG Ciudadanos al Día, la Embajadora Británica enfatizó la importancia que un transporte sostenible tiene para la calidad de vida de los ciudadanos, no solo por el hecho que la contaminación local, afecta la salud de sus habitantes, sino porque contribuye al calentamiento global, tema que afirmó ser de extrema relevancia para la economía de nuestras sociedades.

Por otro lado, en el último Informe Defensorial N°136, “La calidad del aire en Lima y su impacto en la salud y la vida de sus habitantes”, publicado en agosto último como una forma de seguimiento a un informe previo de la misma Defensoría del Pueblo, la Dra. Beatriz Merino indica que la contaminación del aire es uno de los problemas ambientales urbanos que más preocupación causa a la Defensoría, debido a la grave vulneración que sufren los habitantes de Lima y agrega que quienes más sufren sus devastadores efectos son aquellas poblaciones más vulnerables de los sectores económicos más pobres.

A pesar de toda esta evidencia, se está construyendo una ampliación de los carriles para autos en la Av. Petit Thouars reduciendo en forma considerable el área destinada a los peatones, o sea, las veredas. Es improbable que su intención sea afectar a los más pobres. Pienso más bien que es una forma equivocada de buscar una solución al problema de transporte sin darnos cuenta del daño que a mediano y largo plazo nos estamos haciendo.

En lugar de promover activamente el uso de medios no contaminantes, como caminar o montar bicicleta, o de trabajar activamente en la complicada pero urgente reestructuración del transporte público de Lima, más allá de “El Metropolitano” que solo solucionará menos del 5% del problema de movilidad en la ciudad, realizar acciones como la de la Av. Petit Thouars o Arenales incentivan el uso de un vehículo que, además de contaminante, se “come” los espacios públicos de nuestra ciudad, y van en contracorriente frente a lo que otras ciudades, más viejas y sabias como Londres, proclaman, por ejemplo, a través de una vitrina mundial como es la clausura de unos juegos olímpicos.

Está bien hacer obras, solo hay que pensar bien cuales son las obras que mejoran nuestra calidad de vida y cuales nos quitan la vida, así sea en el largo plazo.

domingo, 21 de diciembre de 2008

Metiendo Pedal a la Cultura Ciudadana

El uso de la bicicleta en la ciudad y el concepto del espacio público como bien común que debemos defender

Vivimos en una ciudad caótica, en la que la falta de consideración y respeto hacia el otro es común en personas de toda condición social y raza. Para muestra la construcción de los restaurantes Cala y otros en la que fuera la linda playa de Barranquito, y su apropiación de un espacio público, quitándonos el derecho de ver el mar y caminar por un malecón. Asociaciones de propietarios que impiden el libre tránsito de gente a los que es un bien de todos, las playas. Carros estacionados en las veredas impidiendo el paso de peatones, autos que se pasan la luz roja, que se obstruyen el paso peatonal, que no dan prioridad al peatón o al ciclista; en San Isidro o Carabayllo, no importa el distrito. Igual es. La desconsideración para con el otro se da en todos los casos.

Hace casi 10 años, Antanas Mockus, recibió una Bogotá con estas mismas características y, en lugar de gastar el presupuesto (mayor que el de Lima por cierto) en viaductos, zanjones y obras de infraestructura, se dedicó a trabajar la mente de las personas. A partir del enfoque de cultura ciudadana inculcó en los bogotanos un sentido de propiedad hacia la ciudad en la que habitaban, de interesarse por el bien común, por el espacio público. Ese fue el trabajo más complicado. De allí a ser la mejor ciudad del mundo había solo un paso[1]. Mockus definió magistralmente el espacio público como el lugar privilegiado del mutuo respeto y del comportamiento adecuado entre desconocidos, afirmando que es en situaciones donde la ley es débil, como en nuestro caso, que la aplicación del enfoque de cultura ciudadana era vital.

Cultura ciudadana no alude tanto a valores, sino a autorregulación moral y, sobre todo, a mutua regulación social. Ahí está el quid del asunto. El compromiso de todos. El llamar la atención a alguien que está haciendo algo en contra del bienestar de todos. Cuando vemos a un micro con las luces apagadas, siendo de noche, y permanecemos impávidos ante esta conducta riesgosa, estamos permitiendo que ese chofer atropelle a una persona o un ciclista. Nos convertimos así en cómplices de una accidente que pudimos haber evitado.

Lima y Callao cuentan actualmente con más de 60,000 personas que se desplazan en bicicleta; equivalente al 0.5% de los viajes que se realizan en la ciudad. Estas personas circulan desafiando el obsoleto Reglamento Nacional de Tránsito que no considera al ciclista urbano como un usuario de la vía con derechos y deberes ni otorga un marco protector a esta forma de movilidad sostenible, económica y saludable.

Necesitamos despertar en nuestra gente la inquietud por vivir en una ciudad mejor, convertir a los limeños en activistas del bien común, con conciencia política para que les afecte cuando alguien bota basura en la calle, que sepan exigir un espacio en la vía para montar bicicleta o elegir gobernantes adecuados a nuestro tiempo.

[1] Bogotá fue nombrada Mejor Ciudad del Mundo en la Bienal de Arquitectura Internacional Venecia 2006 cuyo enfoque fue dirigido al diseño de las ciudades, su infraestructura urbana y dinámica social"

lunes, 15 de diciembre de 2008

¿Queremos hacer de Lima una Caracas?

Acabo de llegar de Caracas, de un seminario internacional de movilidad, donde la mayor preocupación era cómo hacer para humanizar una ciudad llena de carros, y pistas para ellos, donde hay escasas facilidades para caminar o ir en bicicleta. En Caracas un alto porcentaje de la población se desplaza en transporte público, pero la mayor parte de las pistas son usadas por los autos particulares o taxis. Indudablemente encontramos aquí un problema de ineficiente distribución del espacio público que se repite en la mayoría de nuestros países.

La reflexión me hizo evocar el último censo en Lima en el que, ante la represiva orden de no salir de las casas, la mayoría, que sí salimos, nos encontramos con una ciudad pacífica, amable, sin carros, sin smog, sin peligros para caminar o montar bicicleta con los más pequeños. Que lindo vivir la ciudad de este modo. Utopía, por cierto, pero que nos muestra por donde debemos movernos hacia una mejor calidad de vida. Ahora, si es esto lo que queremos, ¿por qué nos gusta tanto aplaudir las grandes inversiones en pistas, puentes y túneles cuando pequeñas, pero muchas, intervenciones pueden mejorar grandemente la vida de la mayoría de las personas? Veredas, un semáforo, una rampa, un rompemuelle, señalización adecuada, etc. mejora, e inclusive puede salvar, la vida de muchísimos ciudadanos.

Se cree que invertir en más pistas para el vehículo motorizado solucionará el problema de la congestión. Esto me recuerda la ingeniosa frase de Antanas Mockus, ex alcalde de Bogotá: “Resolver el problema de la congestión, ampliando las vías, es como resolver el problema de la gordura aumentando la talla”. Mientras más pistas, más carros atraídos a ese medio de movilidad y, ¿qué nos depara eso? una situación como la de Caracas, menos espacio para los peatones, más ciclistas urbanos atropellados, más contaminación del aire y escasa contribución para reducir el calentamiento global, entre otros problemas que el uso indiscriminado del automóvil implica.

Hay ciudades que han hecho historia, y que ahora son íconos mundiales, que han dado vuelta a la tortilla, Bogotá es una de ellas. Investiguemos un poco que pasó allí. Seamos más exigentes con lo que nos toca para nuestra ciudad. No añoremos el vivir en una ciudad europea como algo que nos está prohibido de por vida sino “saltamos el charco”. Desplazarse caminando, en bicicleta o en transporte público no es imposible. Simplemente debemos de dar los pasos correctos hacia ello. Las cosas pueden cambiar pero necesitamos cambiar nuestras mentes antes. Ese es el principal cambio y por el que, tal vez, deberíamos empezar cada uno de nosotros.